Claveles Rojos y Amarillos
Óleo/L
Un cromatismo intenso, que inunda la retina, se deposita en campos enmarcados por una linealidad rígida, organizada según un orden geométrico. Se reproduce la realidad expresada en un idea esquemática racional, siendo el color protagonista en el cuadro, palpitando con fuerza en su poderosa gama de tonalidades.
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Chico Montilla (1961)
Chico Montilla organiza un trabajo plástico ágil, alegre, donde expresa la visión organizada de la ciudad, la imagen extraída para trasplantarla como estructura de figuras angulares encajadas. Expone el pintor una concepción de la comprensión del tiempo presente, ordenado, impoluto, idealizado, sumido en un cromatismo repetitivo y familiar a todos. Pero el artista incorpora magia en el cuadro, duda e interés sobre la humanidad que en ese medio habita. La ausencia de la figura humana, el olvido de la curva de desarrollo libre sin regla constante, hace que el ánima del espectador lo introduzca en la pieza, creando una superficie invisible que genera interés en la obra. La vida es reflejada en la representación del medio vegetal, en los cipreses, como manchas alargadas, todo bajo un cielo de azul disuelto. Ocres, verdes, dorados y azules bañan el paisaje, creando un entramado lógico que describe el color de Granada, la luz tenue de sus atardeceres, o cuando nace tibia y limpia. Intercala el pintor los tonos de forma armónica en el cuadro, consiguiendo concluir composiciones atractivas, de contemplación rítmica, que comunican el halo que fluye en el paisaje granadino. La obra de Chico Montilla parte de las entrañas de las vanguardias del siglo XX, siendo expresada como elaboración plástica fresca y actual.
En 1976 conocerá a la pintora y profesora de arte Ana Digesu. Ana decide, después de ver los dibujos de Chico, que visite su estudio, tres días por semana, para corregirle e impartirle nociones sobre anatomía, luz, composición y perspectiva. Es tanta la perseverancia y aplicación que un año después, en 1977, realiza su primera exposición en la Sala «La General» de Granada.
Tres años más tarde -1980- viaja a Barcelona donde alterna sus diarias clases en la Massana con frecuentes visitas al Museo Picasso, La Fundación Miró y el Parque Güell.
Si los dos primeros le entusiasman, el último le impacta sobremanera. Ante la obra de Gaudí, el más grande de los Modernistas su espíritu se extasía con los sabores primitivos e intemporales que se respira en el sagrado recinto. Sus cuadros comienzan a llenarse de sugestiva luminosidad e intenso colorido. Con aire casi místico sigue la máxima de Matisse: «Un artista no debe ser nunca prisionero de si mismo, ni prisionero de una manera, ni prisionero de una reputación, ni prisionero de un éxito». Gracias a esta nueva forma de expresión, materializará una serie de telas que estarán en una de las Salas «La Caixa» de Barcelona.
En la primavera de 1983 viaja a Madrid, donde a partir de entonces y hasta 1988 expondrá en diversas galerías.
Retorna a Almuñecar en el verano de 1996, de forma casual, visita su estudio la directora del Reina Sofía, que sensibilizada por la pintura le sugiere una serie de telas de gran formato, para ser expuestas en una de las salas de dicho Museo.
En 2003, el Servicio Filatélico de Correos y Telégrafos de España edita un carnet auto adhesivo con la reproducción de ocho de sus obras en sellos, con el tema «Paisajes».
En 2005, el Servicio Filatélico de Correos y Telégrafos de España edita un carnet autoadhesivo con la reproducción de cuatro de sus obras en sellos.